Frente al espejo de la palabra

El que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es”. (Santiago 1:23-24 DHH).

Existe una gran diferencia entre oír la palabra de Dios y poner por obra la palabra de Dios. La primera se basa en la teoría, la segunda en la práctica. La primera sólo requiere mi atención, la segunda requiere todo mi esfuerzo. La primera es valorada por el hombre, la segunda es valorada por Dios. Necesitamos ser hacedores y no solamente oidores de la palabra de Dios.

Aquellos que conociendo la palabra de Dios no la practican, son como cuando alguien se mira en un espejo por un momento, contempla su apariencia, pero luego se va y se olvida cómo era. Ese espejo es la palabra de Dios, que nos moldea y nos transforma, pero debemos permanecer viendo ese espejo, que se hace visible cuando vemos a Jesús, y todos estamos llamados a eso: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu (2 Corintios 3:18)

Es cierto que para poder practicar la palabra de Dios es necesario haber escuchado la misma anteriormente, pero sólo el hecho de escuchar la palabra no me convierte en un hacedor de ella. Ser hacedor requiere de amar a Dios y de la determinación para cumplir todo lo que él nos permite aprender. Por eso Jesús dijo: “El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él”. (Juan 14:23)

Por otro lado, las circunstancias que vivimos diariamente son las pruebas que se presentan para evidenciar que lo que hemos aprendido no es sólo teoría, sino que es una realidad  en nuestras vidas. Por ejemplo, cuando una persona que tuvo enemistad con mucha gente antes de conocer a Jesús, se topa con alguno de ellos luego de haberse convertido a Dios, esa persona debe amar a esos que fueron sus enemigos alguna vez, porque está escrito: “…Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). ¡Es la oportunidad para poner en práctica la palabra!

Jesús es el ejemplo máximo de cómo debemos practicar lo que hemos aprendido. Un hombre llamado Juan escribió acerca del Señor: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Este versículo muestra que el verbo (la palabra) se hizo carne, es decir, Jesús vivió en la práctica todo lo que Dios le había dicho, y a consecuencia de eso, la gente vio su gloria, porque cuando vivimos en la práctica la palabra de Dios, los que nos rodean verán su gloria también.

Hoy en día, muchas personas piensan mal acerca de Dios, porque aquellos que son sus hijos saben mucho, pero viven poco de lo que saben, por esa razón, estamos llamados por Dios a ser hacedores. ¿Eres oidor o hacedor? Pon en práctica todo lo que has aprendido, y los que te rodean verán la gloria de Dios a través de tu vida.

Jesus MDV

Levantando el nombre de Jesús y promoviendo su modo de vida

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