Más que fanáticos

En mi vida, he escuchado en muchas oportunidades a personas que llaman a otros “fanáticos” o “aficionados” por ser insistente en una cosa, por ejemplo: un joven que tiene pasión por aprender la guitarra y pasa mucho tiempo practicando, la familia puede tildarlo de “fanático”, alguien que tiene pasión por los estudios y siempre quiere aprender más, sus amigos lo califican como “fanático”, pero el caso más equívoco, es que aquellas personas que tienen pasión por Jesús y quieren servirlo en todo tiempo, lo califican de la misma manera, ¡es un gran error!

¿Te dijeron fanático en algún momento? Puede que te sientas identificado con esto, pero la verdad, es que aquellas personas que aman a Dios y tienen esa pasión por servirlo y conocerlo, no son fanáticos en ninguna manera, ¡son jugadores del mejor equipo! El equipo de Dios…

Existe una gran diferencia entre un fanático y un jugador en los partidos de cualquier deporte. Un fanático, es alguien que tiene una pasión exagerada por defender una teoría, una idea, o en este caso un equipo, pero que está lejos de la práctica de este, es decir, sólo es alguien que defiende a capa y espada su grupo, pero no tiene le responsabilidad de practicarlo, ni todo lo que eso implica.

Por otro lado, un jugador es alguien que vive en constante disciplina para ser cada vez mejor en su deporte. Los jugadores se cohíben de hacer muchas cosas que pueden ser normales para un fanático, pero éstos requieren de un estilo de vida diferente, porque no solo miran desde afuera, sino que están involucrados en espíritu, alma y cuerpo con su deporte. ¿Eres jugador o fanático?

La vida en Cristo es el deporte que requiere más disciplina en el mundo. Requiere que seas fiel a tu entrenador (Dios) y que vivas en armonía con tu equipo (tus hermanos en Cristo), para poder ganar al equipo contrario, pero es importante que conozcas tu papel y tu posición.

No fuimos llamados a ser fanáticos, fuimos seleccionados por el dueño del equipo para formar parte de él, y a ser buenos en lo que hacemos. Por eso, Dios dice en su palabra: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16)  ¡Fuiste seleccionado como un titular!

Deja a un lado la mentalidad de fanático, y empieza a verte como un titular del equipo de Dios. Eres parte del equipo que cambiará la historia, que impactará a la sociedad y que será un instrumento en las manos del Señor para amar a las personas. Por eso, vive en disciplina en todo lo que el entrenador te invita a hacer, para que seas productivo en lo que haces.

Por último, recuérdale a todos aquello que te califican como fanático, que tu pasión por Jesús va más allá de eso, porque estás completamente involucrado con el mejor equipo, por eso no eres fanático, eres mucho más que eso, ¡eres un jugador!

 

Jesus MDV

Levantando el nombre de Jesús y promoviendo su modo de vida

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